La anemia durante el embarazo está asociada al aumento de la mortalidad materna e infantil debido a duplicación del riesgo de hemorragia obstétrica, preeclampsia, partos prematuros, bajo peso al nacer, crecimiento retardado en el desarrollo psicomotor y cognitivo, así como resistencia disminuida a las infecciones, las cuales podrían reducirse con el diagnóstico y tratamiento temprano